Veintiunodediciembre



Dicen que es el fin del mundo Algunos hablan de un cambio social espiritual político cultural sentimental gramatical vertical Un golpe de estado en los vericuetos de la vida Cambio de posiciones de roles de ropa de reglas Hay quien dice que el 21 de Diciembre van a bajar ovnis y nos van a quemar los ojos con el fuego que les sale del culo y se van a comer nuestra comida y fumar nuestros cigarrillos Yo le pregunté a un amigo que pensaba que iba a pasar y me dijo que no sabía pero que si nos moríamos todos
le parece justo.

Los días de Diciembre


Los días de diciembre me aterran.
El vuelo carbonizado de los pájaros  
cuando caen sobre sus tumbas agónicas.
Los gritos mudos de quienes nunca hablaron.

Las chicas lucen sus tetas nuevas,
los chicos descubren sus cuerpos recios
culminados hace meses para vos,
¡Para vos diciembre!

No creo que merezcas nada de eso.
Para mí
sos más bien un día de lluvia.

De igual manera me gustaría
entrar en los cines como entro en los lagos
y escupir agua hacia arriba y bailar
y jugar al fútbol con una pelota de trapo.

Me gustaría abrigarme y morir de risa,
pintar lágrimas del color de tus nubes y quemarlas
correr hasta los horizontes arrojando a tus espinas
flores negras marchitas.

El ruido del ventilador perfuma los diciembres
que sobreviven en barquitos de papel,
en un rincón del alma que no es octubre ni abril,
en una parte de las vidas que perdimos.
  
La gente tonta, en diciembre
es más tonta.
  
Pero los días de diciembre me aterran,
viciosos de sol y de lluvias brutales,
ambiguos.
Me aterra el diciembre carcelario,
mi cara de prisionero, mis celdas fastidiosas,
el olor de los amores muriendo
ahí; en Diciembre.


Desde la ventana



Mirá
ese hombre que camina por la ruta
hechizada la noche siembra senderos de plata. No
ya no le importa a tu poesía lo cruel que es el amor
¿Sabes que es cruel?
es el crujir del pasto seco en el silencio. Mirá
ahí va
ése hombre que avanza en la noche
sin encontrarse en las sombras de la luna
Va gritando como un loco canta:
El olor que sube del plato soy
El ruido blanco entre tus manos.
Un planeta pobre
hecho en plastilina, poema soy-. Hoy
no hay diarios. El horario
de los noticieros fue ocupado por payasos
saltando sobre aros de fuego y también cantan
mientras los horizontes se deshacen allá afuera.







...
El hippie sueña con una mina y poca ropa
que camina por el barrio cuando llueve y todavía
cree en el amor
¡Una buena mina! que viva pendiente del mar
que no conozca a Bukowski ni a Caeiro
que sea como aprender
a  leer poesía, que fume porro a la mañana.
Una mina que como él
no le tenga miedo a la muerte pero conteste
al toque cuando alguien le pregunte
qué pondrá
en su epitafio. 


Voces


En la noche del campo grillos y gallos
trasnochados logran involucrarse
en el silencio y la paz
A veces la paz es pensar en un lago
tan verde
tan distinto a la palabra lago
El sur de las cosas siempre tiene
ese nosequé que te abre los pulmones
y te roba las pestañas.
En la noche del campo luces y voces
conocidas; voces de amigos, de poetas,
de arañas Voces que bailan y atacan
Voces con fuego, con sonrisas, con sexo
Voces que conducen una canoa por el río
Voces varias que vibran con las luces
que se mezclan con los besos Voces
que a veces sobran
y rompen los silencios.

Diario de un poeta chino


Un destello de colores parpadea en la corriente del arroyo
se respira mejor cruzando el monte
El viento me debía el encuentro 
El aire es puro
y puedo mear en cualquier lado
saber eso me hace bien
Estoy sólo aunque desconfío, me pregunto porqué
carajo estoy vestido si estoy sólo 
y lo que a mí más me gusta es estar en bolas
Me prendo un pucho y pienso
que la libertad sólo existe en este lugar  
Miro el silencio; árboles y cosas verdes
viento libre y verde
el monte imita fielmente las curvas del arroyo
En algunos lugares todavía se habla de amor Acá
respirar no es algo que se haga sólo para no morir.
Me saco la ropa. Antes
miro para todos lados, sospechoso
resulta fantástico estar realmente solo, saber
que nadie está por llegar
podría acostumbrarme
sinceramente cada vez me cae peor la gente.
Algunas hormigas caminan sin miedo sobre mí
entendiéndome parte de su entorno
un árbol más, una planta o un hormiguero. Nunca
fui tan aceptado en ningún lugar
Soy parte de la imagen, un elemento más
cómplice del pacto de silencio
El corazón contento escucha el murmullo del arroyo
se abraza con el viento
el roce de las hojas en la copa de los árboles
No hay leyes
podría correr para cualquier lado  
sin que nada cambie, es tan gradual el caer del sol  
casi ni se nota
los nuevos colores en el cielo
los pájaros anuncian el atardecer y vuelven a la altura de sus nidos
y el sol se va, reluciendo dorado
pintando el horizonte con acuarela.

hay tanta gente con problemas.
Parece tan estúpido
desde este punto de vista. 

Sin ninguna razón


Pudiste creerme tuyo, pudiste
ser mía aunque sea un minuto
abrir
las puertas del placer y entrar
creyéndonos
dos psicópatas perdidos.

Una cama vacía es
como sentarse a mirar la noche  
sentirse arder en el fuego y arder
como dos herejes
creyéndonos inmortales.

Parte de la realidad

Principalmente ahora sé
Que cualquier cosa que toque voy a arruinarla
Que no tengo ganas
Que confundo a los trenes que van
con los que llegan
Y quiero quedarme un poco ciego
Para no ver las cosas profundamente.
Hay dos formas de percibir la realidad
Una es verla
La otra imaginarla.

Por eso ahora sé que voy a quedarme
Tumbado en la cama tomando ácido
Creyendo en esos chicos que juegan en el parque
En la piel de la mujer que es amiga del sol
Y en el ramo de flores que lleva
Envueltas en papel de diario.



Fragmento desde la ventana II



Si pudieras escribir
todo eso que se dibuja en la ventana
drogar el intento y partir pero No
desde la ventana es otra cosa.
Llenos de hojas los ojos que te miran
El otoño se presenta en la piel y en el piso
pastos secos y la memoria de un día
que en alguna otra parte del mundo aún existe y es de noche.
Leticia aceptó
un vaso de vino que le ofreció un desconocido.
La historia se sucede en interiores
Donde el piso no oscurece
cuando las sombras pasan sobre él.
Podes igual
levantarte dormido y con resaca,
servir café y confesarte en una taza usada
la noche anterior y que también
había sido usada dos noches atrás. 
Mirar por la ventana siempre el mismo plano
Un libro viejo afirmando la pata de la mesa
De nuevo las sombras se separan de los cuerpos
y se tumban al sol
para coger en la vereda. Una postal del páramo que vemos.
Convencerte de que el mundo
entra en el baño de tu casa y lo demás no es nada.

El rugir del bondi que sube puede volarte la cabeza
Ir a la cocina
es como tomar un tren sin abrigo y no volver.
La barba crece
las uñas crecen
los parpados pesan
lo que hay más allá de la ventana parece estar fuera de foco
un remolino de colores en la esquina
Es necesario correr el riesgo.



Fragmento desde la ventana

A primera hora llegaron trenes y bicis
El lugar es el mismo pero esta vez
la luz blanca se impone trepando torcida por el viento.
Volviendo de algún lugar que parecía ser hermoso
alguien encontró un beso en el bondi.
Todo esto no tiene nada que ver
con que Leticia decida entrar en la habitación
sin ropa alguna y con zapatos. Mirarse
las tetas en el espejo. Tampoco es esto lo que importa
sino el tiempo muerto entre los dedos;
lo que no le importa a nadie
es lo que nos trajo hasta acá.



Para cantar un poema

Pasan caminando marcha militar
Marca el tiempo con la punta del zapato
El obrero que trabaja en las alturas
El arnés que lo sostiene cede.
Se derrumban las paredes del imperio.
Primera persona del plural
Podríamos hablar toda la noche
pero no hay como las charlas de borrachos
al menos son sinceras y sueñan. Todos
deberíamos estar en pedo al menos
una vez al día.

El tiempo se deja para el final
el asfalto saluda al sol que nace desde el fondo de los ojos
La calle 
es de adoquines y vibra, el tiempo no puede 
ganarle a la locura en los relojes.
Pasan caminando marcha militar.
La estatua del barrio ayer lloró vodka.
Nadie creyó
que podía ser un milagro.




Cuatro haikus de amor y un tanka descontrolado


1-
Bajo la lluvia
Corríamos desnudos
Solos vos y yo.

2-
Junto al río
El fuego ilumina
Tanta belleza

3-
Una ventana
Noche.  Afuera llueve
Ojos colgados

4-
Aún existe
Algo desconocido
En esta noche


Tanka-

Lluvia invernal
No aclara la noche
Los perros ladran

Charcos en la vida
Desierto en la ciudad




El camino de regreso


¿Te acordás de ése día en que saliste a buscar los ojos de Leticia?

Al final no estaban en ningún lado
y vos te fuiste creyendo
que cada uno volvía a donde pertenecía;
vos a tu juventud, Leticia nacía y moría en sus ojos.
No tenías más de quince años
y un remolino de colores escondido en el bolsillo.

Leticia era cada ventana, cada puerta.
Creías que tu mirada
en algún punto del planeta se cruzaría con la mirada de Leticia  
y que la encontrarías silbando
o muerta sobre un campo de trigo, con los ojos abiertos
y el invierno abrazándole la piel desnuda.
Quizás algún día, irías al kiosco a comprar puchos
y ahí en frente, ¡paff!; Leticia, con los ojos puestos
dándote 25 centavos de vuelto.

Pensabas que podías encontrarla en un tren
viajando a ninguna parte y ambos 
mirarían por la misma ventanilla  
el reflejo del otro.

Leticia no tenía rostro, ni pelo ni dedos,
ni muelas ni clítoris, ni uñas.
Ni siquiera te importaba
que los ojos que buscabas fuesen dos
o sólo uno que iniciara el camino hacia el otro,
y ése otro te llevara a la boca
y la boca a la nariz y a las orejas y al tamaño de las manos
y al cuello y a los pies, hasta llegar por fin a Leticia;
a sus profundidades, a sus amaneceres
a los libros que lee, a lo que piensa de Borges,
a las cosas que la hacen llorar. Hasta llegar
por fin al fruto, al pez,
al vino que hace que Leticia se levante,
a su voz de caminata frente al mar
a lo que sus ojos esconden.
Hasta llegar a esa tierra lejana; a la lejana Leticia
que es como mil espejos y mil rosas sin espinas
y un sólo jazmín y un montón de copas de vino
y una sola muerte
en la naturalidad del después de los espejos.

¿Te acordás de ése día 
en que te paraste frente al espejo y viste que el tiempo te había vaciado los ojos?



Cortometraje


Todo es
una mujer desnuda bailando
sobre la playa
de piedras a un costado del arroyo
En la otra orilla
Un hombre con ojos nublados
hace rebotar piedras en el agua
durmiendo la mirada donde salpica
el último salto y se pierde. Piensa
simplemente que el río
lo distancia del encuentro y quisiera tener
el tiempo suficiente para seguir vivo
mientras nada cambie
a la sombra de los robles.

La belleza


Mira
como cae sobre tu cuerpo
la indiferencia del mundo.

Sé que escupiste
sobre la belleza de hoy,
te vi aplaudir pancartas
y marchar hasta los centros
míseros de la humanidad.

Y el mundo frena frente a vos
y son inconfesables
las horas sucias que penetran
tu cuerpo
ahogándote en vos misma,
luchando contra
quien sabe qué.

Todo ese rechazo
cae sobre tu cuerpo
cuando los espejos te revelan
el mundo impío que te aterra;
los espejos son fantasmas
que reflejan lo que quieren.
y vos lloras
cuando cerras los ojos
y te encontras desnuda
en la calle,
sin saber si quiera
el camino hasta tu casa.





Apología


Amanecieron trepados al amor, caminaron
por la peatonal la madrugada de un Marzo tibio
Soñaron forzar la cerradura
robar un poco y partir.
Colgados del amor el mediodía los encontró huyendo
haciendo de las fronteras líneas en un pizarrón
un auto alquilado sobre sábanas de asfalto.
Hacia el norte la poesía
hacia abajo la rutina del pasado y afuera llueve.
Alguien los mira pasar desde una garita perdida en la oscuridad de la  noche.
Telo rutero
Suaves ruidos de lluvia en el techo
Sucios ruidos de lluvia en la tele
Delincuentes juveniles ingresan y roban
Vecinos del barrio: Son
Unos negros de mierda. Tienen que ir presos todos
   estos hijos de puta.
Cambio ruido bronca mata
crónicas de una tibia madrugada
enredado con los hilos del amor.

Si alguien los hubiera visto huir  
Como yo los vi irse y sólo vi que se iban
Si alguien pudiera verlos hoy,
Como yo los veo y sólo veo que están, entonces en lugar
de lamentar los mil quinientos
pesos que robaron, al menos ahora sabrían
que una cadena multinacional
no va a quebrar por mil quinientos
sucios pesos de mierda.


Lo que quise enseñarte


Yo te había contado la verdad de los vientos del sur
las cenizas y secretos que descansan en el mar
mientras tanto te enseñé el lenguaje de la noche
y algunos misterios de la lluvia y su después
¿Viste los charcos, la resaca y las sombras que caminan desnudas?
sin su dictador, sin origen
Quise que escuches el canto de los lagos antiguos,
el ritmo de timbales cuando el sol se pierde atrás del mar.
También te dije que yo no entendía eso que llamabas amor,
mientras vos mirabas desde la ventana
como, allá afuera, todo 
se prendía fuego. 

Esta noche no tiene el color
que tenían los ojos
de las chicas del tren.
La voz se consumió en el final del fuego
Todo muere
Esta noche.


Eso por un lado,
por el otro
Esta noche,
al menos existe.

La escena del crimen



Todo se perdió en la llama del encendedor.
ya no hay maquinas dibujando las horas
La noche también se puede encontrar
abajo de una baldosa
o en la colilla pisada de un pucho.
Una nueva forma de acercarnos a algo horrible
Retratar a la muerte desnuda 
Acostada en un sillón viejo, con la mano izquierda
tapándose un pezón y las piernas juntas flexionadas
Curvas perfectas de la parca. Nunca antes
Habíamos pensado que la muerte
Podía ser una mujer.

Al otro lado



Al otro lado de la línea
que dibuja tu mirada
oscila el pulso del silencio
que agoniza, cuando cae sobre tus ojos  
el alfiler que usabas para matarme.
Al otro lado de tu espalda
voy a fumar en silencio
cuando escucho a alguien
gritar tu nombre.
Al otro lado de tus tetas  
existe un jardín con un estanque
y árboles y flores y poetas que fingen su muerte.
Al otro lado de tu cielo
quisiera ser un pájaro.
Al otro lado de tu tacto
está la piel que acostumbra tus manos;
ese camino al vicio 
que dibuja perfección sobre las sábanas
enrolladas en tus piernas.

Al otro lado de todo lo que es tuyo
está mi patria
que es la planta de tus pies,
el vaivén de tu pelo revolucionario,
los olores que no saben de distancias,
las bocas que besaste
y esta aburrida lista de espera.
Al otro lado de estos versos
sólo
hay un vaso de wiski en
una noche empapada
y un poema escrito a alguien
que no existe.


El horizonte donde se pierde la mirada



Por la calle que baja hasta el río
baja una mañana de domingo hasta el asfalto
Suben hasta la copa de los árboles
las hojas del Otoño próximo;
una alfombra nostálgica en mis ojos
que avanzaban calle abajo buscando el río.
El horizonte siempre es gris y se esconde 
atrás de unos fantasmas gigantes
recién amanecidos.



La primera pincelada




¿Te acordás de Leticia?
¿Te acordás cuando sólo tenías quince años?
El día que te regalaron
tu primer perro, como si fuera un juguete.
¿Quién fue el primero en pensar
que había vida atrás de las paredes?
Vos no creías en nada 
pero te alcanzó con un perro
y una novia más grande que vos
a los quince años...

Otro día en el bar III




El vino fluye
desde el cuello de la botella hasta el cristal
la copa se eleva sobre la mesa de madera
se desliza el vino hasta el mito de su boca.
Luz de relámpago. Efímera existencia…

Hay
un camino brumoso que imita la noche
entre mi mirada  
y el ruido rojo de sus labios.


La hoja se desprende del árbol y cae
La playa son sólo huellas en Enero,
la lluvia empapa el pelo negro
desparramado en la almohada
El silencio de la calle húmeda
llega hasta el bar.

(La noche es inmensa)

La escena del crimen



La ternura es
sobrevivir a la imagen.
Ver algo como fuego
en un zapato roto 
abandonado en la calle,
en un resto de chapa, sucia y oxidada.

Lo que buscaba era un suspiro,
algo así
como un silencio perfecto.